El Chile del Siglo XXI

En los albores del siglo XXI es necesario detenerse a pensar en el Chile que tenemos y en el Chile que queremos. Estamos viviendo una revolución sin precedentes que cambiará completamente nuestra forma de vivir, me refiero a la revolución digital.

No solo es necesario preguntarse qué tan preparados estamos para enfrentar esta revolución, sino que además debemos preguntarnos como queremos enfrentarla. ¿Queremos ser simples observadores como lo hemos sido hasta ahora o queremos ser actores?

Simple espectador o actor secundario, significa que traemos tecnología desde otros países y aprendemos a utilizarla, sin por esto ser capaces de crear o simplemente modificar esta tecnología. Ser actores relevantes significa que creamos tecnología, muchas veces respondiendo a nuestros propios problemas, pero con una visión global, lo que nos permite exportar esta tecnología. Esta segunda opción fue utilizada por los países del Asia (Corea del Sur, Taiwan, etc.) en los años 70 convirtiéndose de esta forma en lo que son hoy en día.
Considero, sin temor a equivocarme, que debemos enfrentar esta nueva revolución como actores relevantes y principales. EL gran tema ahora es ¿Cómo lo logramos? y ¿Cuál es el rol de cada uno de los participantes en este desafío?
Partamos por definir los actores involucrados.

1. Industria nacional consumidora de tecnología: Motor del país. Dentro de esta categoría encontramos a la industria minera, la industria agrícola, la industria de servicios, etc. Si bien el uso de tecnología en este actor ha ido creciendo con el pasar de los años, en la mayoría de ellos es aún insuficiente. Los empresarios chilenos no logran captar aun el rol de la tecnología en sus negocios y como esta puede ayudarles a mejorar su productividad y por ende su rentabilidad. Competir mundialmente es una manera de crecer y sin el uso de tecnología esto es inviable. El sector servicios ha crecido en Chile a pasos agigantados y no me consta que su crecimiento ha implicado un alto uso de tecnología.

2. Industria tecnológica nacional: Si bien trata de hacer algo, es prácticamente insignificante frente a los grandes consorcios multinacionales que conforman esta industria. Nuestra industria tecnológica representa una fracción mínima de nuestro PIB a pesar de su importancia. Por otro lado, casi no aporta a la inversión en I+D ya que la mayoría de los productos que vende vienen del extranjero y su único trabajo es la integración y adaptación de estos a los problemas de sus clientes. No es necesario el I+D para esto. Se vislumbra la existencia de emprendedores con excelentes iniciativas, las que no logran surgir debido a la falta de clientes (nacionales e internacionales).

3. Consumidores individuales: Mueven e impulsan la industria tecnológica mundial a través de sus compras y requerimientos.
4. Industria de capital de riesgo: Casi inexistente al día de hoy. Llamada a invertir en los emprendimientos tecnológicos que surgirán en el país.
 

5. Academia: Están llamados no solo a investigar nuevas tecnologías (fundamentales y aplicadas), sino que además deben formar a los profesionales que participarán del futuro de Chile.

6. Estado: Está llamado no solo a regular el mercado, sino que a tener un rol activo en el desarrollo del país.

El trabajo conjunto de estos actores permitirá la creación de un ecosistema que desarrollará la industria tecnológica nacional y la convertirá en el motor principal del desarrollo del país.

Todo esto suena muy bien, analicemos ahora los distintos cambios necesarios de parte de cada uno de los actores para que esto idea se vuelva una realidad.

1. Industria nacional consumidora de tecnología: En primer lugar, esta industria debe desarrollar sus procesos productivos considerando la tecnología como motor de la mejora de su productividad. Esta industria debe considerar la contratación de profesionales idóneos y la creación de las gerencias necesarias para que esta mejora tecnológica exista. Es imposible competir hoy día con los sistemas arcaicos que varias de nuestras empresas aún mantienen. Es necesario cambiar igualmente la mentalidad de muchos de sus ejecutivos quienes tienen una visión de corto plazo y frenan las inversiones en tecnología, ya que con los procedimientos actuales el negocio funciona igual.

Por otro lado, esta industria debe ayudar al impulso de la industria tecnológica nacional a través del uso de tecnología “made in Chile”. No podemos seguir trayendo la tecnología de afuera, eso no ayuda a desarrollar y diversificar nuestra industria. Sin estar a favor del proteccionismo, que ya mostro sus desventajas, es necesario impulsar la compra nacional. Esto solo sucederá si se encuentra una oferta competitiva en funcionalidad, calidad y costo.

2. Industria tecnológica nacional: Debe salir del letargo en que se encuentra desde hace varias décadas ya. Debe asumir que seguir trayendo tecnología de afuera, sin ni siquiera entender como está hecha, no permitirá que esta industria se desarrolle y asuma un rol preponderante en la mejora de la productividad del país. Debe aumentar considerablemente su inversión en I+D, al mismo tiempo que considera productos relevantes para el mercado nacional manteniendo una perspectiva global. Hacer productos solo para Chile no es viable, sin embargo, es una excelente plataforma de salida gracias a los diversos tratados de libre comercio que tiene el país.

Debe igualmente mejorar igualmente sus procesos productivos de modo que sea capaz de producir productos confiables y no solo prototipos. Debe cambiar su vocabulario y dejar de hablar de proyectos y hablar de productos. Debe igualmente incluir en su plana ejecutiva profesionales del área comercial, financiero y de marketing.

Es necesario que esta industria comience a trabajar con la industria de capital de riesgo generando emprendimientos e ideas atrayentes y con alto retorno potencial.

3. Consumidores individuales: Debe exigir calidad y de ser posible debe entender que la tecnología nacional no es mala per se. Hay una imagen en Chile que dice que lo importado es bueno, esto debe cambiar de modo que la industria nacional (tecnológica o no) cuente con un consumidor exigente pero premiador, es decir, si la calidad es buena y el precio competitivo te elijo.

4. Industria de capital de riesgo: Debe desarrollarse en Chile, es aun pequeña y poco relevante. Debe igualmente atraer al capital chileno y foráneo que invierte hoy en día en commodities debido al rápido retorno. Debe igualmente trabajar mano a mano con la industria tecnológica nacional permitiendo su desarrollo.

5. Academia: Motor del conocimiento y de la innovación. Están llamados a colaborar con la industria generando nuevos conocimientos, los que deberán convertirse en productos competitivos a nivel nacional e internacional. Hasta hoy, la relación industria academia ha sido casi nula y esto debe cambiar. No es necesario que la academia genere los profesionales que la industria requiere hoy, es necesario que genere los profesionales que la industria requerirá mañana de modo de impulsar el I+D y la innovación a nivel empresarial.

6. Estado: Ente regulador e impulsor. Su rol es importantísimo y debe convertirse en uno de los principales consumidores de tecnología nacional. Debe por otro lado impulsar a la industria nacional a usar tecnología nacional y desarrollar campañas motivadoras por lo nacional. La marca “made in Chile” debe ser fuertemente impulsad por el estado, sin por esto caer en el proteccionismo, solo motivando a comprar lo nuestro.

Debe igualmente privilegiar sectores claves de la economía impulsado su desarrollo, no tenemos suficiente dinero para todo por lo que debemos privilegiar los sectores que nos permitirán desarrollar el país. Debe igualmente impulsar la industria de capital de riesgo participando en ella y aportando con fondos.
Por último, es necesario mejorar la selección de proyectos apoyados por el estado exigiendo más calidad y asegurándose que lleguen a término. Hay demasiados fondos entregados a proyectos que no tienen futuro o que no aportan realmente.

A modo de conclusión puedo plantear que solo la generación de este ecosistema permitirá desarrollar la industria tecnológica nacional y convertirse en el motor del desarrollo del país. Sin una industria tecnológica fuerte y competitiva nunca lograremos el anhelado desarrollo que todos los chilenos queremos.

Columna de opinión
Víctor Grimblatt
Presidente
Asociación de la Industria Eléctrica-Electrónica, AIE
www.aie.cl